La política de las mujeres

Aristóteles definía al ser humano no como animal racional sino como animal político, es decir, necesitamos vivir junto a otros (somos seres sociales) y necesitamos organizar nuestra vida junto a otros, establecer normas, gestionar nuestras relaciones. Siempre estuve de acuerdo con Aristóteles y a la vez siempre me sentí ajena al mundo político. Aunque podía estudiar las diferentes teorías políticas y ello me daba una comprensión valiosa de los planteamientos ideológicos, lo cierto es que sentía que en poco o en nada tenía que ver conmigo la política de los partidos. Tan solo cuando explicababa a Platón o a Marx y buscaba que mis alumnos establecieran puentes entre aquellas teorías y sus vidas encontraba la medida para acercarme a la política. Con la política me sucedía como con el feminismo: racionalmente estaba convencida de su importancia y me esforzaba por sentirme vinculada a ella, pero no lo conseguía, porque en mí se producía un rechazo inexplicable, un cierto sentimiento de que al intentar interesarme desde un mero planteamiento teórico algo valioso para mí se quedaba fuera. Hasta que llegó el día en que conocí el pensamiento de la diferencia sexual, los textos de las mujeres de La librería de mujeres de Milán y a su filósofa Luisa Muraro. Entonces comprendí las contradicciones que me generaba la política y pude encontrar un lugar en ella.

Luisa Muraro se atrevió a hablar de la política de las mujeres y ligarla a la expresión "política primera". La política primera es la de las relaciones cotidianas, la que establece vínculos y permite a los seres crecer, desarrollarse. Por eso la política primera va ligada al concepto de AUTORIDAD tal y como lo desarrollaron las pensadoras de la Librería de Milán retomando la interpretación de la gran filósofa Hanna Arendt: autoridad significa etimológicamente "aumentar", y este es el tipo de relación política en el que las mujeres han trabajado a lo largo de siglos y siglos. La autoridad no está directamente relacionada con el poder, por eso aunque las mujeres estuvieron durante mucho tiempo alejadas de la primera línea política, su acción era una acción política. Sin embargo lo más radical de este pensamiento es el que afirmaría que en realidad la política de las mujeres no necesita de un gran poder sino que trabaja, en palabras de Vita Consentino, buscando "el máximo de autoridad con el mínimo de poder". La autoridad exige obediencia pero excluye los medios coercitivos que utilizaría el poder. La autoridad implica ser consciente de que el otro te necesita para crecer y que tú también ganas con ese crecimiento, que todos ganan. El modelo, sin duda, es el de la maternidad, porque cuando somos madres comprendemos perfectamente qué significa esto.
No se trata, por tanto, de que a muchas mujeres no nos interese la política, sino de mostrar que hay otra forma de hacer política que no pasa por acceder a los puestos de primera fila (aunque no lo excluye y haya sido altamente valioso para la sociedad en general que algunas mujeres hayan dado el paso para estar en esa primera fila). No se trata de decir que estar en segundo plano es valioso como estrategia para mantener un status quo que sitúa a los hombres siempre en el poder. Reconocer la política primera llevada a cabo por las mujeres en su labor de civilización implica no ningunear el legado de tantas y tantas mujeres (y hombres) que vivieron entregadas a que el mundo fuese un lugar mejor desde el cuidado de las relaciones con los demás. Durante un tiempo Luisa Muraro dudó si era conveniente situar la política primera en el feminismo puesto que parecía ser un movimiento que cuando se enfrascaba en la lucha por que la mujer pudiera tener acceso a esos ámbitos de poder negaba el valor de la labor cotidiana de las mujeres, sin embargo tener claro que política primera y segunda no se oponen sino que abordan aspectos diferentes de nuestra realidad es un paso necesario para que no se olvide que cada día hombres y mujeres trabajan por el crecimiento de toda la humanidad. En otras palabras:
"Queda una pregunta: entonces ¿hay dos políticas? y ¿cuáles deberían ser, en la práctica, las principales consecuencias de la jerarquía entre la primera y la segunda? No, no hay dos políticas porque los sexos son dos pero el mundo es uno, habitado por mujeres y hombres. El nombre de ‘política primera’ lo hemos colocado como puente para los (y las) que se llaman políticos, con el fin de que entiendan la razón para no cerrarse en el politicismo y se les ocurra mirar hacia las innumerables mujeres y hombres que, con su compromiso, hacen civil la civilización y humana la humanidad.” ( Librería de Mujeres de Milán, El final del patriarcado pag 222).

Política primera y política segunda no se oponen. Y reconocer el valor de la política primera nos permite adentrarnos en aquello que estas pensadoras feministas han recogido dentro de la expresión "política de las mujeres": Y no se trata de reivindicar un segundo plano com valioso precisamente porque si algo ha definido la política de las mujeres ha sido la capacidad de cambiar situaciones de poder opresivo e incorporar mesura abriendo otras posibilidades sin recurrir a los mecanismos del poder. La filósofa Gemma del Olmo lo explica muy bien: la política de las mujeres son las "prácticas que han hecho un corte con el orden simbólico dominante, realizadas a lo largo de la historia por muchas mujeres y algunos hombres, y que han demostrado la fuerza del deseo, son las que han conseguido llevar a cabo una obra de civilización en el sentido primario de conciliar convivencia y libertad". Hacer un corte en el orden dominante sin recurrir a la violencia es todo un arte, en el sentido griego de Techné (técnica), y el poder no suele saber cómo hacerlo. Pero la historia nos trae ejemplos de mujeres que supieron revertir el orden dominante desde su forma de hacer política sin recurrir al poder oficial o a la violencia. Un ejemplo lejano reivindicado por el feminismo de la diferencia sexual es eld e Teresa de Jesús, Teresa de Cartagena, Margarite Porrette o muchas otras que supieron encontrar la manera de cambiar el orden establecido por un poder aparentemente descomunal como era el de la Iglesia en los siglos XV y XVI sin perder de vista que lo importante era la civilización. Otro ejemplo más cercano sería el de Las Madres de la Plaza de Mayo en Argentina, o el de las Patronas en Veracruz. Todas ellas mujeres que actúan para sostener la vida y mostrar con su presencia que la vida no debe ser despreciada, minimizada. Mujeres que con su presencia hacen política, una política que nunca pasa por encima de nadie para conseguir sus objetivos. Creo que si hoy en día una mujer como Manuela Carmena tiene tantas personas que la apoyan siendo simpatizantes de partidos diversos es precisamente porque ella representa que es posible incluso acceder al poder sin perder la perspectiva de la política primera.

Por eso en estos días convulsos en el ámbito de la política segunda necesito detenerme y mirar hacia la importancia de la política primera. Por suerte me dedico a la educación y cada día puedo ver a compañeras y compañeros implicados en que esto sea así, en que el espacio del centro educativo sea un lugar en el que la autoridad fluye y los alumnos pueden ir desarrollándose como personas. A veces las dificultades (que no son pocas y que escapan absolutamente a nuestras competencias y posibilidades) nos hacen creer que el poder es el único arma que podemos utilizar, y como en estos días, todo se enturbia con el miedo, la angustia, la desesperación. A veces algunos no viven la docencia desde este interés por la civilización, sin embargo, son lo menos, nunca los más como en estos tiempos quiere hacerse creer aprovechando cualquier grieta social para verter rabia, odio, envidia.
Por eso hoy he querido respirar y recordar todas estas cosas que aprendí, contarlas aquí, y seguir creyendo que hay salida aunque la lucha de poderes intente aplastarnos con sus callejones sin salida. Seguir trabajando, seguir respirando, seguir generando autoridad, seguir cuidando la vida, la propia, la de los demás. 
(Escrito por Elena Martínez Navarro)

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